No saber dónde estoy parada. No tener claro cuál es mi propósito. Abrir una página en blanco y preguntarme: ¿qué escribo ahora?
Quiero compartir mi experiencia, pero quiero que tenga valor. Quiero crear contenido de calidad. Hablo de dejar el miedo a un lado, de vivir sin vergüenza, de atreverse. Y, sin embargo, aunque lo practico todos los días, todavía hay momentos en los que me cuesta.
Entonces me pregunto:
¿A quién quiero impresionar?
La primera respuesta es sencilla: a mí misma.
Pero no termina ahí.
Empieza un espiral de preguntas.
¿Cuál es mi propósito? ¿Por qué a veces vuelvo una y otra vez a todo lo que hice mal? ¿Por qué, incluso cuando las cosas están bien, siento que debería estar en otro lugar?
De repente estoy divagando. Pensando demasiado. Sintiéndome mal.
Hasta que recuerdo algo que siempre intento traer de vuelta: lo único que realmente existe es este momento.
Y entonces aparece otro remolino.
Pasado. Presente. Futuro.
Cómo el tiempo puede sentirse infinito y, al mismo tiempo, desesperadamente corto.
A veces creemos que tenemos toda la vida por delante y postergamos lo que realmente importa. Otras veces sentimos que no nos alcanza el tiempo, nos paralizamos, aparece la ansiedad y dejamos de disfrutar lo único que realmente tenemos: el presente.
Quiero encontrar mi centro.
Quiero crear.
Quiero ayudar a otras personas a sentirse un poco mejor consigo mismas, a practicar el bienestar desde adentro, no desde la perfección.
Pero surge otra pregunta:
¿Cómo acompaño a otros si yo misma vivo un debate constante entre lo que querría ser, lo que debería ser y lo que podría ser?
Con el tiempo entendí que quizá no existe una respuesta perfecta.
Y tal vez esa sea la respuesta.
No se trata de resolver el debate antes de empezar a vivir. Se trata de dejar de esperar a que desaparezca para poder moverte.
El “debería” casi siempre viene de afuera: de las expectativas, de las comparaciones, de lo que supuestamente toca hacer a cierta edad o en cierta etapa de la vida.
El “querría” nace de mí, pero muchas veces queda enterrado bajo el miedo, la culpa o la inseguridad. Entonces deja de sentirse como un deseo posible y empieza a parecer una fantasía.
Y el “podría”… ese sí es real. Es lo que tengo entre las manos hoy. Con el tiempo, la energía y las circunstancias que existen ahora mismo.
Quizá el bienestar no consiste en tener todas las respuestas.
Quizá consiste en seguir caminando mientras las preguntas cambian.
Ayudar a otros desde el bienestar interior no requiere que yo ya haya llegado a algún lugar. De hecho, creo que esa es la esencia de SUH.
Aquí no hay gurús.
Aqui hay alguien, tú o yo, intentando vivir un poco mejor cada día.
Nuestra autoridad no nace de haberlo resuelto todo. Nace de atrevernos a compartir el camino sin maquillarlo.
Porque la pregunta sobre quién somos, qué queremos o cuál es nuestro propósito no se responde una sola vez.
Se responde todos los días.
Y quizá nunca del todo.
Y está bien.


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