“Mira al frente que la tarea es individual.”
Así nos decían los maestros desde chicos. Poco sabíamos de lo profunda que puede ser esta frase. Aunque, seamos honestos, en ese momento uno solo estaba buscando al compañero que escribía bonito para copiar “disimuladamente”.
¿Mirar hacia adelante, es lo mismo que mirar hacia el futuro?
No necesariamente.
Mirar hacia adelante y mirar hacia el futuro parecen sinónimos, pero en realidad apuntan a lugares distintos.
Mirar hacia el futuro es pensar en lo que aún no existe: hacer planes, imaginar posibilidades, proyectar metas o anticipar escenarios.
Mirar hacia adelante es una actitud. Significa no quedarse atrapado en lo que ya pasó. Es decidir avanzar, aunque el camino todavía no sea claro. A veces implica enfocarse en el siguiente paso, no en el destino final.
Muchos nos obsesionamos con el futuro y, sin embargo, no avanzamos. Otras personas no tienen todas las respuestas, pero siguen caminando hacia adelante. Como cuando abres Google Maps veinte veces para revisar la ruta… y todavía no arrancas el carro.
Quizá por eso aquella frase del colegio tenía más profundidad de la que imaginábamos. “Mira al frente”, “la tarea es individual”, no solo era una forma de evitar copiar al compañero. (Ese compañero que, por cierto, tampoco sabía mucho, pero escribía con una seguridad que convencía a cualquiera). También era una invitación a volver a tu propio camino.
Podrán acompañarte, aconsejarte, amarte e incluso inspirarte, pero hay un punto del camino donde la respuesta solo puede salir de ti. Y no, hacer una encuesta en Instagram no cuenta como tomar una decisión.
Y, sin embargo, pasamos gran parte de nuestra vida intentando resolver el examen de otra persona.
Queremos el cuerpo del otro.
La relación del otro.
El trabajo del otro.
La espiritualidad del otro.
El éxito del otro.
…y, si somos realmente sinceros, hasta queremos el metabolismo del otro.
Nos comparamos tanto (hablo más que todo desde mi experiencia) que terminamos olvidando cuál era la pregunta que la vida nos estaba haciendo a nosotros. Porque mientras uno está viendo cómo va el examen del vecino, se le olvida escribir en el suyo.
Cada ser humano llegó con una historia irrepetible. Con heridas distintas, talentos distintos, miedos distintos y una forma única de experimentar la vida.
Si las preguntas son diferentes, ¿por qué esperamos que las respuestas sean iguales? Es como molestarse porque en el examen de matemáticas al de al lado le salió otra ecuación… claro, era otro examen.
Por eso copiar el camino de alguien más no funciona.
Puedes imitar sus hábitos, repetir sus palabras o seguir sus pasos, pero nunca vivirás exactamente la misma lección. Porque ni en el colegio copiar garantizaba un 20 (o una A o un 10, dependiendo de donde me leas). A veces el de al lado también estaba raspando (reprobando).
Porque la vida no evalúa cuánto te pareces a los demás.
Te invita a descubrir cuánto te pareces a ti mismo.
Quizá ese era el verdadero significado de aquella frase que escuchábamos en la escuela. Y nosotros creyendo que la profesora solo estaba pendiente de que no copiáramos… cuando, sin querer, nos estaba dando una de las lecciones más profundas sobre la vida. Quizás ni ella/el misma/o lo sabía.


